Sentada en mi cama y con la mente perdida en algún lado,
cruza por ella la palabra "derrotada". Es así como en algunas
ocasiones me siento y resignada lo acepto, agacho la cabeza
y pienso en un pretexto. Derrotada por el día y los hechos
acontecidos, abatida por el sufrimiento y agobiada por mis
pensamientos, pareciera que estoy ahogándome en el fondo
de un pantano siniestro.
Es como un cuarto oscuro y solitario, lleno de fantasmas del
pasado y de futuros fracasos. No me parece haber ningún
rayo de luz ni un grito de esperanza, sólo estoy en medio
sintiendo frío y miedo.
No busco escapar pero estoy segura que no es donde quiero
estar, trato de concentrarme y algo en mi interior rescatar.
Cuando me doy cuenta de lo que realmente quiero y siento...
aparece un fantasma que burlonamente me vuelve a aquél
sufrimiento, junto con él decide llevarse mis deseos y anhelos.
Una sola cosa no logra aún quitarme, y es ésa la base de todas
mis fuerzas. Mis sueños aún conservo y con ellos me defiendo,
de un pasado confuso y un futuro incierto.
Cada día que pasa más oscuro es el cuarto, más al centro me
encuentro y con más ganas conservo mis sueños.
El día que no pueda soñar por un sólo motivo ha de ser, y es que
aquél cruel fantasma su misión cumplió; llevarse consigo mis
sueños y mi razón de ser.
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