
Con la mente completamente perdida decide entrar a darse una ducha; el agua cae fuerte y congelada sobre su largo y rojo cabello, sin embargo, parece no importarle y se mantiene estática mirando el vacío. Toma la toalla y sale con paso firme y seguro, se seca a medias el pelo, se pone un vestido de verano color rojo y recoge unas botas rojas junto con el paraguas también rojo. No parece importarle el frío y camina a toda prisa por la oscura ciudad cubierta de neblina y lluvia. De repente se queda quieta, se acerca a una banca y se sienta mirando hacia un lugar sólo posible en su mente, entonces como un ritual comienza a llorar igual que cada nuevo día.
Como si pudiese cambiar su destino…tan sólo se resigna al vivir intentándolo cada día, sin esfuerzo ni ambición arrastrada por el mundo y la tentación de que algún día se abra el cielo y no llueva más sobre su cabeza ni dentro de su alma….
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