Me encontraba sentada en un verde y gigantesco prado, rodeada por árboles altos y frondosos, con millones de hermosas y grandes flores que despedían de sus pétalos una aroma igualada sólo por un exquisito perfume. Los árboles por sus tamaños databan de una edad ya muy antigua y las flores daban vida por sus llamativos y relucientes colores. Sobre ellos y mi cuerpo caía un cálido y brillante resplandor proveniente del espacio transmitido a través de un invisible y fugaz rayo. La naturaleza parecía deleitarse en su presencia y tomar más fuerza para vivir…yo en cambio luego de un rato….corrí bajo la copa de un árbol para cubrirme y refugiarme en la sombra. A unos pasos de donde me situaba danzaba rápida y armoniosamente un pequeño río que parecía estar constituido por miles de pequeños y vibrantes diamantes. Todos ellos se dirigían en un mismo sentido y al agolparse en esa dirección chocaban continuamente produciendo estrepitosos ruidos parecidos al cristal cuando se rompe. Luego fije mi atención en el cielo…un manto de color celeste radiante cubierto de manchas espesas y blancas que con un poco de esmero se pueden encontrar figuras de todo lo que imagines.
Estaba maravillada y absorta por aquél mundo fantástico que me entregaba paz y felicidad con tan sólo mirar mi alrededor. Comencé a sentir un poco de sueño…pero no quería dormir me hallaba inmensamente tranquila y no quería perderme ningún detalle del sitio…uno…dos…tres…mis ojos parpadearon por infinitos segundos….cuatro….cinco…seis…ya casi no entraba luz en ellos….siete…ocho…nueve….caí en un profundo estado de inconsciencia.
Que increíble es el poder de la mente…estuve toda la noche convencida que vivía en la realidad cuando realmente me encontraba soñando….y al caer dormida en aquél bello lugar sólo había despertado a la realidad….
Quiero que lleguen más noches para cerrar mis ojos y regresar a MI realidad…no importa que sea un sueño pasajero…porque después de todo de ellos me alimento…y me convenzo que la vida sí puede ser bella.
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