lunes, 6 de abril de 2009

DESEOS

La palabra deseo es sin duda una palabra poco utilizada, creo que es porque todos al escucharla se imaginan cosas o historias de pasiones. En cierto sentido se podría decir que todos los deseos tienen ese toque de lujuria y pasión. Debe ser que junta aquellos sueños que se relacionan más con nuestro ser interior, aquél regido por hormonas y sustancias que alteran el juicio común.

Si te pones a pensar es una palabra maravillosa, define en sí misma una de las características más importante del hombre. ¿Quién en su vida no ha sentido jamás deseos? ¿La respuesta? Fácil… ¡Nadie! Todo el mundo tiene deseos y sus impulsos giran en torno a ellos, ya sea siendo deseos buenos o malos, llenos de pasión, lujuria, amor o tal vez odio ¡quién sabe! Sólo sentimos esa necesidad fuerte y clara de hacerlos realidad contra todos nuestros temores del qué dirán. Sin embargo sí hay deseos horribles y condenables, de personas que no son dignas de ser llamados humanos y es en ellos en quienes no se deberían poder cumplir y mucho menos pensar. Creo que para sentir, tener o pensar deseos debemos ser humanos dignos de la palabra con un fin mayor en nuestras vidas que sólo sentir placer por ellos, debemos sentir que el realizarlos no sólo nos beneficiará a nosotros sino que en algún punto también a los demás. Obviamente hay deseos sólo para nosotros pero son esos los que deben ser controlados de que también sólo nos involucren a nosotros o a quienes estén participando en ellos por voluntad propia.

Los deseos son algo así como un arma de doble filo, porque una vez que son cumplidos nuestra mente o cuerpo siente un frenesí tan inmenso e intenso, una explosión de éxtasis y locura que luego se vuelve una paz enorme que nos acostumbramos y termina siendo como tomar una droga. Una vez cumplido queremos más y más sin importar lo que digan los demás sólo obedecemos a esa sensación de bienestar y satisfacción. Sentimos a momentos que estamos en las nubes soñando y siendo felices, pero cuidado porque los deseos no son sueños y por lo tanto no son ideales ni perfectos. Cuando soñamos todo es perfecto y majestuoso, pero cuando deseamos quedamos expuestos al ambiente y por consiguiente a sus peligros. Con los deseos permanecemos en la realidad y por lo tanto la caída es dolorosa y llena de piedras que se quedan incrustadas en la piel. En cambio los sueños son sueños y para soñar hay cerrar los ojos e imaginar, luego abrirlos y volver a la realidad. Es en esos detalles en los que nadie se fija y por lo que se confunden y salen mezclando estas palabras para hacerlas una sola; desesperación o frustración cualquiera suena perfecta para la mezcla. Cuando juntas tus sueños con tus deseos en algún punto te sobrepasan y dejan de ser tuyos para pasar a ser tú de ellos viviendo y haciendo lo imposible para satisfacerlos. Es entonces que te das cuenta que el placer se comienza a transformar en culpa y la sensación de bienestar en sofocación y desesperación dando paso a la frustración, para terminar en un patético círculo vicioso del cual quieres huir pero atento porque jamás puedes escapar.

Un deseo que se convierte en vicio y se mezcla con sueños sólo puede significar que algo anda muy mal en tu vida.

1 comentario:

  1. mmm.. chuta creo que soy una persona que desea muchoooo (baba) jajja...
    espero poder controlarlo... me gusto XD

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