Bajo una fuerte y ruidosa cascada de agua, siento como mi cuerpo cede a su tranquilizador y purificador efecto cerrando mis ojos y sumergiendo a mi consciencia en un profundo y estremecedor deseo, me encuentro vestida informal y totalmente despreocupada de mi aspecto. Me veo en la mitad de una inmensa e interminable carretera rodeada por un lado del océano y por el otro de un verde y gris corredor de prado. Estoy vestida para la ocasión…y sin el más mínimo ánimo de pensarlo me echo a correr repentinamente desesperada, frustrada y rápidamente, con la angustia al borde de salir por mi boca y con una presión dolorosa que hace a mi pecho casi reventar de la emoción. Corro como una loca sin destino y con los ojos cerrados de temor, no quiero mirar el pasado ni tampoco ver el futuro, sólo vivo el instante segundo a segundo y avanzo con agilidad y eficacia centímetro a centímetro por aquella interminable y ancha carretera. NO tengo mis ojos abiertos y sin embargo puedo ver todo lo que me rodea, no hay personas en el camino y no parece extrañarme sino por el contrario alivia mi angustia y me hace sentir aún más libre. De pronto me doy cuenta que estoy empapada por la lluvia y congelada por el frío ambiente, siento como mi cuerpo y mente se fusionan con lo helado y me comienzan a doler, sin embargo, no me importa y sigo corriendo al mismo paso y con la misma desesperación que con la que empecé.
Corro y corro sin poder parar con el sentimiento al borde de colapsar, y saturada de dolor, tristeza, angustia, temor, ahogo, determinación y esperanza siento a mis piernas alimentarse de todo aquello y tomar aún más fuerzas para seguir simplemente corriendo. Parece ser un viaje sin término o final, un viaje para pensar y sentir sin juzgarme por mis creencias ni acorralarme por mis ideas. Es maravilloso poder hacer todo aquello y aún tener las energías para continuar corriendo sin tener que ver el gran esfuerzo que significa realizarlo. Comienzo a sentir alivio y la frustración y desesperación dan paso a la quietud de mi alma y calma de mi mente…y siento como poco a poco mi cuerpo también cede, mis piernas empiezan a parar y todo queda en la fría y rara sensación de la lluvia…que cae cada vez más fuerte, pero también cada vez más tibia y envolvente.
Así es que sin darme cuenta nuevamente abro mis ojos y me veo bajo la ducha, en aquella cascada de agua tibia que cae fuerte y rápidamente. Miro mi alrededor y vuelvo a la realidad, veo como todo lo que experimenté fue sólo una utopía de mi inconsciente…y sin embargo, siento el alivio de que por un momento aunque sea pequeño…pude ser yo…pude sentirme bien, y pude sin ataduras ni limitaciones sacar todas mis preocupaciones sin necesitar a alguien que me contuviese o que me acogiese. Y es así que continúo con mi vida en esta larga y extraña sensación de agonía, rodeada por la soledad y atormentada por la realidad, y que si hay algo que debo dar por seguro…es que siempre hay una gota de esperanza y un rayo de felicidad, y que sin importar el lugar…siempre hay un momento para que ocurra un milagro…aunque que sea pequeño y pasajero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario