
No me dí cuenta sino hasta doblar en la esquina que se encontraba frente a mi camino y me alumbraba con su resplandor, perpleja miraba la Luna y su exquisita ternura, pero destacadamente su cara con expresión de amargura y profunda tristeza. Estaba tan emocionada que sentía cómo mi corazón latía feroz y rítmicamente...parecía que todo me daba vueltas en la cabeza y me era casi imposible pensar con claridad.
La Luna tenía aquél efecto en mi ser, era algo que se hallaba por completo fuera de mi control y yo....yo sólo podía acatar la orden y seguir en su totalidad a mi mente y corazón. No era un pensamiento racional ni mucho menos instuitivo, era una conexión...una energía sobrenatural que me movía con tal fuerza que era incapaz de oponerme a ella.
La Luna...grande, mágica y bella...me absorbe...me tranquiliza...me da fuerzas...
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