
Cuando tomé real conciencia de lo que mis oídos escuchaban sentí a mi corazón latir con fuerza y rapidez, de pronto un estruendo se dejo caer desde el cielo y billones de lamentos lo acompañaron, los árboles danzaban al compás del viento que se movía en un agitado vaivén. La naturaleza comenzaba a ceder frente a tal fuerza llena de furía y poder, todo se encontraba maravillosamente en calma a excepción de aquellos racimos de sollozos que cubrían la ciudad.
El sol por fin había decidido tomarse unas vacaciones y en su reemplazo sólo se podían ver grandes, poderosas, grises y tristes manchas espumosas que cubrían todo el cielo. La tristeza que de ellas emanaba era inmensa, parecía no tener fin ni piedad, las calles cedían a la voluntad de las alturas y se prestaban para dar camino al llanto.
En el ambiente se sentía la frialdad y humedad del día, el sentimiento que se encontraba flotante en el aire se esparcía a gran velocidad y contagiaba a todo el que transitaba por la oscuridad, aún así habían almas dispuestas a luchar contra la corriente y hacian sentir que todavía aquél sentimiento tenía cabida.
Tuve que enfrentar mi temor y abandonar mi rincón mágico para salvar mi mente oscura y la frustración que me provocaban los fuertes llantos del exterior. El salir a enfrentar mis miedos no era la mejor desición pero el hacerlo y resultar triunfante me dice que sí puedo ser lo que deseo y que mis fuerzas no estan cayendo.
Que mejor que compartir algo de comer bajo un paraguas con dos amigas geniales, caminar sobre grandes charcos y sortear a la suerte el paso veloz de los imbéciles automovilistas, no es algo que suceda todo el tiempo.
cierto, el agua, el paraguas, y esos charcos!!!!...
ResponderEliminarme gusto lo que escribiste... y una cosa...
a ti te dicen la enchula blogg????...ja ja ja ja