martes, 26 de octubre de 2010

Años


Los males que no tienen fuerza

para acabar la vida, no han de tenerla

para acabar la paciencia.

M. DE CERVANTES

A lo largo de la vida suceden numerosas situaciones que acarrean malestares con grandes sufrimientos y angustias. Todos los seres vivos sufren algún tipo de mal durante su existencia, es algo innegable que acompaña desde el momento de nacer nuestros caminos. Cada paso a dar se ve enfrentado a obstáculos que dependiendo de su fuerza quedan para siempre en la memoria. Se supone que los humanos aprendemos de los errores, pero es común ver en las personas que esta regla no se aplica; siempre caemos en las mismas situaciones de las que en un tiempo atrás habíamos prometido nunca más caer. También sabemos que el errar es humano y, por lo tanto, serenamos nuestras almas con frases de dudosa reputación y gran valor popular.

No es fácil enfrentarse a situaciones extremas en las que nuestros sentimientos se ven comprometidos, pero los seres vivos nos caracterizamos por una gran fuerza interna y constancia para salir adelante. Nuestro organismo es un gran ejemplo de los niveles de supervivencia a los que podemos llegar; internamente contamos con un sin número de mecanismos capaces de resistir a condiciones deplorables en las cuales se adoptan diferentes criterios para proteger aquellos sistemas más vitales para sobrevivir.

Es así como vivimos años y años luchando con los obstáculos que se presentan, adaptándonos al medio ambiente y a las condiciones planetarias y del universo que cambian constantemente.

Sin embargo, en ciertos escenarios el daño sentido llega a valores incalculables para la resistencia emocional de las personas y, es en esas situaciones cuando la esperanza se pierde y se da paso a la amargura y desamparo. Todas las sensaciones se vuelven tan extremas que no hay nada ni nadie que pueda ofrecer una solución y la desesperación gana ante la vida.

La paciencia es ser constante, es tener la capacidad de ver más allá de lo que nos rodea y poder tolerar y encontrar soluciones que si bien no compensan puedan tranquilizar. No es fácil ni agradable, pero son tantos los años que se viven, y tantas las ocasiones para sufrir que es mejor buscar soluciones y mantener la esperanza.

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